ACOSO LABORAL
Por: Rosa Isela Arriaga Montantes
11 de Junio de 2020
Cd. Victoria, Tam. A once días de iniciar la “Nueva Normalidad”, en que poco a poco se van abriendo comercios; y regresan a sus labores normales en las grandes empresas (como hospitales) quienes gozaron del privilegio de disfrutar días de descanso obligado por enfermedad, se nota tensión, e incertidumbre.
Si bien es cierto que el “mobbing” o acoso y violencia laboral siempre ha existido, este se ha incrementado ante la crisis sanitaria del covid-19.
Nadie debería sufrir ninguna clase de acoso o violencia, puesto que todos tenemos derecho a trabajar dignamente, en un ambiente laboral tranquilo y sano, sin ser discriminado por diferencias de estatus o genero, pero esto es una realidad y cada vez son más las personas que lo sufren.
Una de las causas es que existe una competencia por adquirir un empleo y una categoría más alta dentro del medio laboral, así como un mejor sueldo, además de la crisis económica que se ha desatado desde que la pandemia llego a nuestro país.
Le comento que según datos de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) en el mundo hay 3,300 millones de trabajadores, de los cuales 700 millones viven en la pobreza o pobreza extrema, ocupando puestos en malas condiciones, e insalubres y donde no reciben un seguro de vida. Según la ONU, 192 millones de personas están sin empleo.
Todo indica que las estadísticas se incrementaran debido a este virus que ha causado tanto desempleo, y ha golpeado con rudeza a los más necesitados.
Pero volviendo al tema, el acoso laboral también se ha agravado; y se da en todos los ámbitos sociales, no solo en las grandes empresas, sin embargo, y lamentablemente la mayoría de las personas que lo sufren, no lo denuncian.
Sabemos que el mobbing puede ser de tres tipos: el horizontal (que se da entre trabajadores que ocupan la misma categoría dentro de un área laboral); el vertical ascendente (dado de un trabajador de menor estatus hacia otro de mayor estatus). Cabe mencionar que este es el menos frecuente.
Y el tercero, que es el vertical descendente, y es el más común (lo comete un trabajador que es de mayor estatus que el de su víctima). El acoso puede ser una agresión verbal, o física, aunque en casos más graves el acoso también es de tipo sexual y lo sufren en su mayoría las mujeres.
No deja de ser un acto denigrante e indignante el abuso de poder y de confianza que se da entre agresor y víctima, y debe ser denunciado para poder eliminar este tipo de atropello. El estrés que genera esta situación puede tener un impacto muy severo en la salud de los trabajadores.
Se ha comprobado científicamente que el estrés es la causa de las enfermedades más frecuentes, como las enfermedades nerviosas, la obesidad, la hipertensión, la diabetes, el hipo y el hipertiroidismo, la gastritis, la colitis nerviosa o intestino irritable, etc.
Debido a que el cuerpo es sometido a presión psicológica, éste responde generando ansiedad, inseguridad y baja autoestima. Lo que provoca en la persona que está siendo acosada, cambios en los hábitos alimenticios, trastornos del sueño, problemas digestivos, etc. y esto a la larga se refleja en un aumento o baja de peso excesivo, trayendo como consecuencia los problemas ya mencionados arriba
El rendimiento en su desempeño laboral también se ve afectado; puede ser tanta la presión psicológica que ejerce el acosador, que las victimas optan por renunciar a su trabajo.
Según datos del INEGI, en el primer trimestre del 2019 se registro la cifra más alta de la década de personas que dejaron su empleo porque sufrían acoso laboral, sexual o discriminación, con 23 mil 542 personas, siendo el sector más afectado, personas de entre 15 a 29 años de edad, con 14 mil 800 casos, equivalente al 60% del total
Es triste saber que este problema aun está muy lejos de ser erradicado. Ya que el hecho de renunciar al empleo no es la solución, pues la fuente de acoso permanecerá impune repitiendo su conducta con una nueva víctima.
En México los centros de trabajo aun son espacios que ocupan en su mayoría hombres; la mujer aun sufre mucha discriminación; ya que les es más difícil ocupar un puesto; aunado a esto el hecho de percibir un sueldo menor al de los hombres, aun cuando ocupen una misma categoría.
Datos del Instituto Mexicano del Seguro Social muestran que de cada 10 plazas laborales promovidas en las convocatorias, 6 son para hombres y 4 para mujeres, dejándolas en una posición minoritaria y frágil.
Lo cierto es, querido lector, que el acoso laboral está a la orden del día. Este es perpetrado de una manera discreta por parte del acosador, para evitar ser descubierto; debido a la falta de pruebas, en muchos de los casos que si han sido denunciados, las victimas terminan desistiéndose y abandonan sus empleos; y es que el sistema de cada empresa tampoco ayuda.
Como por ejemplo, en algunas empresas donde no se permite denunciar a un trabajador sindicalizado por parte de otro también sindicalizado que está siendo acosado por el primero. Esto más que erradicar el acoso, lo promueve. Es en verdad injusto y desalentador que se permita la impunidad tan solo porque ambos, victima y acosador tengan un mismo sindicato que los representa.
La crisis sanitaria trajo consigo aparejada recesión, un alza en el desempleo y salarios recortados; amen de generar más competencia entre los trabajadores, e incrementando, como antes mencioné, el acoso laboral.
Debemos reconocer que actualmente el Gobierno ha tomado un camino positivo en la erradicación del mobbing, o violencia en el trabajo; dictando normas muy importantes, como el decreto de necesidad y urgencia 311/2020, que prohíbe el corte del servicio de agua, luz, gas, internet, telefonía celular por deudas en el lapso de 180 días; el decreto de necesidad y urgencia 320/2020, que suspende los desalojos y congela alquileres hasta el 30 de septiembre de 2020; el decreto 329/2020, que prohíbe despidos sin causa, por falta o disminución de trabajo, a partir del 1 de abril de 2020 por sesenta días.
Entre otras, estas normas fueron implementadas para coadyuvar a disminuir la violencia laboral. Pero es necesario también se apliquen nuevas reformas en los sistemas internos de cada empresa, para que sus trabajadores se sientan con la confianza de denunciar este delito, que pone en riesgo no solo la salud mental de la víctima, sino también su salud e integridad física, su reputación, y hasta su empleo.
Aun falta mucho por hacer, ya que este problema social, ha tenido consecuencias muy graves, pues se han generado un millón de suicidios anuales de personas depresivas. Y en muchos de los casos la causa es el desempleo.
El trabajo es un derecho humano, y todos merecemos trabajar en un ambiente de solidaridad, donde el compromiso sea compartido y justo; donde se respete las actividades y horarios de trabajo de cada quien, sin favoritismos y motivando al personal con capacitaciones y estímulos por igual.
Pero esto solo se logrará con la implementación de nuevos métodos de organización laborales, donde todos gocen de un lugar. Y con la intervención de un Estado justo, que intervenga y proteja de manera equitativa a todos los afectados, poniendo límites y erradicando la violencia laboral de mercado en el trabajo.
Querido lector, le deseo un buen día.