El Grupo de los Tres…

El viejo régimen priísta tamaulipeco, murió el día en que asesinaron a Rodolfo Torre Cantú. Con el político victorense, se fueron a la tumba las posibilidades de sobrevivencia de un sistema que caminó insepulto durante seis años más. La desaparición del médico, lanzó al caño a una buena parte de la clase política que por décadas gobernó sin contrapesos la entidad.
Se acabó la fiesta.
El homicidio, arrastró al foso a tres de los capitanes del priismo tamaulipeco: Manuel Cavazos Lerma, Tomás Yarrington y Eugenio Hernández Flores. Estos a su vez, demolieron muchos presentes y futuros políticos; seguidores suyos, o andan huyendo de la Justicia o se embarcaron en aventuras electorales desastrosas e infaustas.
(La liquidación de las aspiraciones de Chuchín Garza del Guante en Matamoros; el aplastamiento de los anhelos de Oscar Almaraz en Ciudad Victoria; la estrepitosa derrota de Magdalena Peraza en Tampico y el esperado descalabro de Juan Diego Guajardo en Río Bravo, fue el adiós del electorado a una red de poder que ya nadie ve como funcional).
De la añeja estructura política tricolor en Tamaulipas sólo queda un fragmento respirando dificultosamente: el PRI.
Bajo ese escenario de tragedia, muy pocos cuadros pudieron salir con signos vitales. Con los dedos de la mano, se pueden contar los actores que tienen posibilidades para intentar darle dinamismo a una maquinaria casi totalmente destruida. Yalheel Abdalá, Ramiro Ramos, y Edgar Melhem, son acaso los cuadros con mayores capitales que puedan remolcar a un partido en liquidación y con índices de repudio como nunca una organización política había tenido en la región.
(A Oscar Luebbert hay que descartarlo. Perdieron sus candidatos priistas a diputados y ganó su candidato Morenista. En otras palabras: el interés de Luebbert por el PRI decreció ante el sorprendente éxito de MORENA. O sea: es más sencillo, reaparecer en MORENA que conducir a un PRI totalmente decadente).
No se ven otros.
(Siempre hay gente desfasada en esos escenarios. En Tampico, un vetusto actor, Roberto González Barba, sigue en su eterna cantaleta de que él es la solución para las crisis del tricolor regional. Con un apunte: su escaso liderazgo, lo ubica más dentro de la picaresca política local que en el meridiano de las soluciones del institucional).
El resto, o no tiene el perfil como para levantar la mano por el CDE o tiene el rostro manchado con los signos del geñismo, el tomasismo o el egidismo.
(Cierto: todos han trabajado con los gobernadores priistas, pero de alguna forma en sus trayectorias han mostrado haber crecido por impulsos propios).
El ex gobernador Egidio Torre, insiste en seguir teniendo bajo control al CDE del PRI tamaulipeco. (Al parecer, sigue con la intención de destruir la organización que a juicio de las instituciones de justicia del Presidente Calderón, es responsable de la muerte de su hermano Rodolfo).
La carta que tiene en mano el ex gobernador, es el diputado Alejandro Ettiene Llano.
El naipe del Grupo de los Tres, aún no se decide. Están en la disyuntiva de disciplinarse ante el albazo que viene, o revelarse contra esa orden cupular.
El ambiente al interior del PRI es intenso. Hasta el momento, se han manifestado –anónimamente- algunos personajes priistas en contra de su inútil dirigente. Palabras más, palabras menos, esas proclamas de origen desconocido llaman a la insurgencia. Hasta el momento, no han prendido a pesar de la deplorable situación del partido y su militancia.
Los despojos del PRI no son lo desdeñables que parecen. Al menos, para la lógica utilitarista de algunos liderazgos.
El CDE administra las prerrogativas –que no son pocas- del IETAM y del INE. Y no sólo eso: administra la entrega, venta y renta de candidaturas.
El futuro inmediato del PRI tamaulipeco, está en manos de Egidio y del Grupo de los Tres.
Lo único incierto, es en quién recaerá el CDE…
…lo evidente, es que recibirá escombros y basura.

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